En este caso, además la
dramatización se podría hacer de la siguiente manera. He elaborado unas sencillas
figuras pegando un alambre al recorte de cada uno de los personajes (como
aparece en la foto), para dárselas a cada niño/a según va mencionándolos el
narrador. La idea es que se vayan poniendo de pie y se coloquen al lado del
animal anterior y cerca del niño/a que haga de la luna, ya que en el libro los
personajes son animales que juntos se ponen de acuerdo para ir subiéndose unos
encima de otros con el fin de llegar a probar a qué sabe la luna. El
planteamiento inicial es que el narrador vaya señalando o dando el animal al
niño/a que le toque según vaya avanzando la narración para así mantener la
emoción y aprovecha el tiempo que se van colocando al lado del animal anterior
para interactuar con él y el resto de la clase.
De ese
modo pretendo que el narrador sea
como un moderador que va introduciendo los personajes que están intentando
llegar juntos a la luna, ayudándose entre todos.
Este
libro se presta además de a interactuar con los niños/as preguntándoles por los
animales como hemos dicho ya, a usar otros recursos, por ejemplo:
- Hacer las onomatopeyas de los animales.
- Cuando entre la jirafa se puede pedir a los niños/as que formulen una hipótesis: ¿creéis que con ese cuello tan largo será capaz de llegar a la luna?
- Cuando aparezca el mono, se les puede pregunta: ¿pensáis que será capaz de saltar hasta la luna?
- O justo antes de que el ratón muerda la luna se puede hacer una pausa misteriosa para dar tensión.
Para terminar diré: Y colorín colorado este cuento “entre todos” hemos acabado.
Y puedo plantear preguntas finales del tipo: ¿A qué os sabe la luna?, ¿os ha gustado?, ¿por qué los animales han conseguido en este país tan lejano llegar a la Luna con lo difícil que es?.
Para trabajar esta actividad, como hemos visto, pensé en formas de hacer participar a los niño/s y se me ocurrió reutilizar un disfraz de mi hijo de 4 años hecho con tela de found pegándole las ilustraciones de la luna por delante y por detrás. Los animales, los busqué en internet y les pegué un alambre por detrás.
Para ensayar de cara a la sesión presencial practiqué un par de veces con mis hijos de 2 y 4 años, para recordar la historia y pensar en las estrategias propuestas por la profesora, aunque este cuento lo he leído muchísimas veces antes porque a mis hijos y sobrinos les encanta.
Finalmente, cuando le expliqué todo a mis dos compañeras en clase, en la sesión presencial, lo que me dijeron positivo fue que:
- A ambas les había parecido una forma “muy visual” de plantearlo.
- Una de ellas añadió además que le había resultado “genial”.
Y como sugerencias para mejorar las estrategias me comentaron que:
- Ellas habrían preguntado a algún niño ¿a qué le sabe la luna? justo cuando el autor lo explica y no al final del todo. Y considero que tienen razón porque es verdad que después de explicarlo, el autor comenta que esa noche los animales durmieron todos juntos y que un pez vio el reflejo de la luna en el agua y le extraño de que se hubieran esforzado tanto cuando había otra luna mucho más cerca. Y es verdad que ambas ideas pueden hacer que los niños se dispersen un poco y no sepan qué responder a la pregunta. De forma que si ya la has formulado antes se fija en su mente y luego se puede volver a retomar al final del todo con más niños/as.
- Hacer las onomatopeyas de los animales.
- Cuando entre la jirafa se puede pedir a los niños/as que formulen una hipótesis: ¿creéis que con ese cuello tan largo será capaz de llegar a la luna?
- Cuando aparezca el mono, se les puede pregunta: ¿pensáis que será capaz de saltar hasta la luna?
- O justo antes de que el ratón muerda la luna se puede hacer una pausa misteriosa para dar tensión.
Para terminar diré: Y colorín colorado este cuento “entre todos” hemos acabado.
Y puedo plantear preguntas finales del tipo: ¿A qué os sabe la luna?, ¿os ha gustado?, ¿por qué los animales han conseguido en este país tan lejano llegar a la Luna con lo difícil que es?.
Para trabajar esta actividad, como hemos visto, pensé en formas de hacer participar a los niño/s y se me ocurrió reutilizar un disfraz de mi hijo de 4 años hecho con tela de found pegándole las ilustraciones de la luna por delante y por detrás. Los animales, los busqué en internet y les pegué un alambre por detrás.
Para ensayar de cara a la sesión presencial practiqué un par de veces con mis hijos de 2 y 4 años, para recordar la historia y pensar en las estrategias propuestas por la profesora, aunque este cuento lo he leído muchísimas veces antes porque a mis hijos y sobrinos les encanta.
Finalmente, cuando le expliqué todo a mis dos compañeras en clase, en la sesión presencial, lo que me dijeron positivo fue que:
- A ambas les había parecido una forma “muy visual” de plantearlo.
- Una de ellas añadió además que le había resultado “genial”.
Y como sugerencias para mejorar las estrategias me comentaron que:
- Ellas habrían preguntado a algún niño ¿a qué le sabe la luna? justo cuando el autor lo explica y no al final del todo. Y considero que tienen razón porque es verdad que después de explicarlo, el autor comenta que esa noche los animales durmieron todos juntos y que un pez vio el reflejo de la luna en el agua y le extraño de que se hubieran esforzado tanto cuando había otra luna mucho más cerca. Y es verdad que ambas ideas pueden hacer que los niños se dispersen un poco y no sepan qué responder a la pregunta. De forma que si ya la has formulado antes se fija en su mente y luego se puede volver a retomar al final del todo con más niños/as.
Perfecto.
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