En concreto, como los niños de entre 2 y 4 años se interesan sobre todo por “los cuentos de animales” y “los cuentos maravillosos sencillos y reiterativos”, como explica la profesora Irune Labajo, vamos a transformar a la Princesa Rocío en la Princesa Leonina, la hija del Rey León y vamos a simplificar las tramas.
Y en el lenguaje vamos a añadir recursos de motivación como los que propone Francisco Cubells del tipo “Onomatopeyas, simulaciones de ruidos, ritmo, rima, sorpresa, jitanjáfora y… cuantos recursos creen musicalidad y ritmo”, a la vez que haremos “asociaciones de la palabra o sonido con el movimiento, para facilitar la participación activa del niño”. Y todo ello teniendo en cuenta, como dice este mismo autor, que es conveniente usar un “Lenguaje simple y recursos estilísticos sencillos y asequibles”. Así que el cuento se llamará:
“La Princesa
Leonina y la manada de tigres”
Cuentan que cuentan que me contaron que hace más de mil años había en la
selva un Rey León (augggg), era el que mejor rugía de la manada y a la vez era
muy muy bueno. Hacía años que el Rey León había perdido a su mujer y empezó a
buscar una esposa porque su hija la Princesa Leonina no tenía mamá y él se
sentía sólo. Después de organizar varias fiestas en la selva para conocer a
todas las leonas de la manada, se terminó casando con la Leona Madrastra. El
Rey era tan bueno que no se daba cuenta que esta leona le estaba engañando y
aunque con él parecía buena, cuando él no miraba se portaba mal con Leonina, no
jugaba con ella, le daba mal de comer, no le ayudaba a vestirse... Pero eso no
es lo peor. ¿Puede haber algo peor?
Pues sí. Cuando la Princesa Leonina empezó a hacerse más mayor, la
Madrastra vio que cada vez se estaba haciendo mas y mas guapa y eso a ella no
le gustaba porque quería ser la Leona más guapa de la selva. Así que llamó a un
león Soldado y le dijo que tirase a Leonina a una catarata enorme por la que
caían litros y litros de agua (se pueden hacer gestos con las manos y rugido de
agua). Pero al león soldado le dio mucha pena pensar que Leonina se podida
hacer daño y en vez de eso acompañó a Leonina lejos del Castillo donde vivía
con el Rey león y le aconsejó que lo mejor que podía hacer era esconderse,
porque la Madrastra quería hacerle mucho daño. El Soldado, por su parte, tiró
unas ropas al agua para que todo el mundo pensase que Leonina se había ahogado,
ya que toda la manada sabía que la Princesa todavía no había aprendido a nadar.
El caso es que Leonina se quedó triste y sola en mitad de la selva muy
lejos del castillo del Rey León. Era casi de noche y de pronto pensó que tenía
que buscar un sitio donde dormir. Vio un pájaro (piopiopio) volando, que al
verla tan perdida le ofreció dormir en su nido, pero al llegar al nido, ¿qué
pasó? Pues que se dieron cuenta que era
demasiado pequeño para ella. Así que el pájaro le propuso que buscara a los conejos para ver si ellos le ayudaban. Pero, claro, al ver que las madrigueras estaban escondidas en la tierra, a Leonina le dio miedo y se fue. Iba pensando que debía buscar animales de su tamaño que lo mismo podían vivir en sitios parecidos a su castillo, cuando, de pronto, oyó un ruido entre los árboles.
(fufufufuf) Al principio, pensó que era el viento entre las ramas, pero según avanzaba le pareció volver a escuchar algo (crascras). Leonina muerta de miedo grito: ¿hay alguien allí? Y, de pronto, de las ramas salieron una manada de tigres y un león muy guapo. Leonina se echó a llorar del miedo. (uahuahuah) Y sus lágrimas conmovieron a los tigres y el león y le preguntaron qué le pasaba. Para que no supieran quién era por si acababan diciéndoselo a su padre, se inventó sobre la marcha que desde pequeña un día se perdió en la selva y siempre había vivido sola. Desde entonces se convirtió en una Leona que intentaba hacerse siempre la fuerte para hacer creer a sus nuevos compañeros que ella lo sabía hacer todo sola, cuando en realidad en el Castillo del Rey León siempre le habían ayudado a hacerlo todo, vestirse, buscar la comida, hacer fuego para calentarse. Al principio era muy graciosa porque intentaba imitar todo lo que hacían los demás, hasta el punto de que la llamaban Leoleo, pero cuando pasaron los días y aprendió a valerse por sí misma se ganó la confianza de sus compañeros de la manada.
Y, de hecho una noche que no se podía dormir vio a lo lejos a Leoncio, que así se llamaba el apuesto león que habían adoptado los tigres. Al acercarse, le vio tan triste que intentó animarle preguntándole qué hacía un chico león como él en una manada de tigres como esa. Leonina, o LeoLeo para sus nuevos amigos, se quedó atónita cuando él le explicó que se había quedado solo porque la nueva mujer del Rey León había encerrado en el castillo de palacio a sus padres leones para quedarse con todas sus propiedades. Le vio tan triste que…¡uy!... al ir a consolarle a Leonina se le escapó que ella también conocía a esa leona tan mala y acabó confesándole quién era. Como él seguía igual de triste, Leonina pensó que había llegado el momento de ayudar a su amigo. A la mañana siguiente, reunió a la manada y les pidió que entre todos idearan un plan de acercase al Rey. Ninguno entendía la razón pero como se lo pedía alguien que se había convertido en un miembro más de la manada, se pusieron a pensar entre todos.
Y, ¿qué planearon?
A la mañana siguiente, con tierra mojada disfrazaron de tigres a Leonina y Leoncio, que así se llamaba el apuesto león que habían adoptado los tigres. Les pintaron rayas y les escondieron la melena. De esa forma podían acercarse al Rey León y sobre todo a la Madrastra sin que ella sospechase nada.
Cuando llegaron a las cercanías del castillo donde vivía la Princesa Leonina, vieron que todos los animales de la selva estaban allí reunidos para intentar consolar al Rey León, que estaba muy triste porque se ese día se cumplía un año desde que él creía que su hija se había ahogado. Ella, disfrazada de tigre, junto a sus nuevos amigos, se hicieron paso entre los animales y pidieron ver al Rey en nombre de la manada de los tigres. Cuando los soldados dejaron que se acercasen al Rey y a la Madrastra, Leonina gritó: “Papá no soy un tigre, soy Leonina, y tengo muchas cosas que contarte”. El Rey, sorprendido, corrió a abrazar a su hija de la alegría, mientras que la Madrastra se quedaba de piedra sin saber qué hacer. De pronto, hizo ademán de escaparse de la sala, pero Leoncio se quitó su disfraz y le dijo: “Hoy todo el mundo va a saber quién eres y todas tus maldades”.
El Rey León y el resto de los animales de la selva, muy atentos, escucharon palabra por palabra todo lo que había sufrido Leonina y Leoncio. Y, por supuesto, el monarca decidió liberar a los padres del apuesto león y meter en la cárcel de los leones a la Madrastra por ser tan mala.
Pero al Rey León aún le faltaba recibir una sorpresa más: ¡su hija Leonina le pidió casarse con Leoncio¡ Muy contento, El Rey León aceptó y todos vivieron felices y comieron perdices por años y años. Y colorín colorado este cuento se ha acabado y un cohete (chiiiispuuuum y gesto manos) ha explotado.
Hola Maite,
ResponderEliminarCreo que has sido la única (por lo menos de los blogs que yo he visto), que ha cambiado los personajes por animales, y eso, como sabemos, les encanta a los niños de 2-4 años, y en concreto a los de la horquilla de edad que has elegido (3-4). Muy buena idea y muy original!
Por lo demás, la historia está genial, es divertida y has sabido trasladar genial el cuento real al mundo animal.
Un saludo.
Irene